Cuando algo nuevo sale al mercado, siempre somos reticentes a ser los primeros en experimentar, y nos quedamos a la expectativa, primero que lo prueben otros, y si vemos que funciona y que encaja en nuestras necesidades, nos decidimos.

Con el coche eléctrico, no es distinto, todos tenemos la reticencia de la autonomía.

Ya son unos años, desde que los primeros vehículos eléctricos aparecieron en escena, y hoy en día, ya son más que un segundo coche. Un Renault Zoe 400 con una autonomía urbana real de 300 kilometros con una conducción normal, supera esas reticencias sobre la autonomía.

RENAULT ZOE

 

Es evidente que para gente que en su día a día supera este kilometraje, no es  la herramienta adecuada, pero para el resto de los mortales, nos llega con creces.

Hay un pequeño símil, que nos hizo gracia…imaginemos la vida al revés… un mercado de automóviles sólo de vehículos eléctricos, y acaba de salir una primicia mundial. UN MOTOR TÉRMICO.

En  una exposición de vehículos nuevos, en la que una familia está viendo los modelos nuevos, e interesándose por uno en concreto, se acerca al vendedor y le pide que le informe de sus características. Lo primero que hace es arrancarlo. Toda la familia da un paso atrás ¡hace ruido!, ¿ y eso?, ¿qué le pasa?…. y  ¡además tira humo por atrás! y ¡huele mal!

yo eso no lo quiero.

Es un poco tragicómico, pero si nos paramos a pensarlo un poco, tampoco es descabellado. Si tenemos un vehículo limpio, que no produce ruido, que no quema combustibles fósiles, es decir ni consume gasolina, ni gas, ni diésel, no quema aceite, no necesita filtros, ni utiliza correas de transmisión, ¿dónde está la pega?

La pena es que de momento los vehículos eléctricos, no se les da la suficiente importancia, parecen más un elemento de marketing institucional, de moda pasajera, o de “estar a la última”.  No hemos visto a nadie todavía, que haya probado un coche eléctrico y que no haya salido encantado.

¿Dónde está el problema?,

¿en la autonomía?. Nuestros móviles son de batería limitada también, los cargamos a la noche y los usamos de día.

¿en lugares de carga públicos? Afortunadamente, como están de moda, descubriremos con sorpresa que hay muchos puntos de carga a nuestro alrededor disponibles, gratuitos encima, y otros de coste muy bajo; lo que pasa es que como no teníamos necesidad no los habíamos buscado.

¿En el precio? No creemos que hay que ser economista, para hacerse un pequeño cálculo del coste de compra,  lo que vamos a ahorrar, en cambios de aceites, filtros, correas, combustible, para comprobar claramente que son viables.

Con una ventaja añadida, las baterías de los coches eléctricos (corazón de los vehículos), se pueden adquirir tanto en modalidad de alquiler como en compra, otra ventaja. Estas opciones ¿las tenemos en un coche convencional? ¿Nos dan la posibilidad de adquirir el motor de un vehículo convencional a modo de alquiler? Seguro que no….

Cada cual tendrá su argumento, medioambiental, económico, romántico, estético… pero por el momento solo se nos ocurre una pregunta

¿DONDE ESTÁ LA PEGA?

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